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Bruno fue un regalo la Navidad pasada

La temporada navideña se acercaba y Ema, una niña de 10 años, quería un perro. Sus padres consideraron las vísperas Navideñas como una oportunidad ideal para darle a Ema lo que tanto anhelaba “un pequeño cachorro”. Así comenzó la búsqueda de un perro para Navidad.

Arturo, el padre, quería aprovechar para adquirir un perro guardián, Erika, la madre, quería un perro “bueno con los niños”. Consultaron libros de razas caninas y eligieron la raza Pastor Alemán. Un día, caminaban por el centro comercial y en una tienda de mascotas vieron un cachorro Pastor Alemán de 6 meses anunciado como “Remate. Descuento del 50% por Navidad”. Emocionados por la gran oferta y la oportunidad, decidieron comprar al cachorro y llevarlo a casa.

Lo que no sabían

Los cachorros que se venden en tiendas provienen de lugares conocidos como “Fábricas de cachorros” lugares espantosos donde el maltrato animal extremo y la explotación son lo único que existe.

El cachorro fue separado de su madre a las 3 semanas de edad y desde que nació ha estado encerrado en jaulas: primero en la fábrica de cachorros, después en el transporte y finalmente en la vitrina de la tienda. Lleva 6 meses en una vida de encierro, soledad y abandono, carente de estímulos. Los primeros 6 meses de vida de un cachorro equivalen a los primeros 6 años de vida de un niño ¿imaginas que un niño pase sus primeros 6 años encerrado en una jaula? ¿Cómo serían su conducta y su salud?

Al pasar sus primeros meses de vida encerrado, el cachorro se acostumbró a jugar con sus heces, a orinar en el mismo lugar donde comía y dormía y se volvió un tanto temeroso de los humanos.

Al ser de una raza específica y tan popular como el Pastor Alemán, estaban eligiendo un perro que en su genética tenía un historial de cruza endogámica terrible (esto es la cruza de parientes cercanos). Esto hizo que el cachorro naciera con un sistema inmune debilitado, enfermedades genéticas que se detonarán más adelante y un problema de displasia de cadera que marcará su destino.

Lo que sucedió

La familia ignoraba todos los puntos anteriores y felices llevaron a su nuevo cachorro “Bruno” a casa. La primer semana se dedicaron a comprar accesorios, comida especializada para el cachorro, llevarlo al veterinario, bañarlo y jugar con él. Eran vacaciones Navideñas por lo que Erika y Ema estaban todo el día en casa. Bruno comenzaba a morder objetos, orinaba por todos lados y tenía el mal hábito de comerse sus propias heces. Erika lo corregía, le daba juguetes adecuados y limpiaba donde iba al baño.

Conforme el tiempo pasaba la conducta de Bruno empeoraba. Rompía las muñecas de Ema, gruñía cuando le querían quitar un objeto, se subía a los sillones y ni Érika ni Arturo sabían qué hacer. Decidieron contratar un entrenador para “enseñarle a Bruno quien manda”. El entrenador contratado llegó con un collar de ahorque y muchas reglas para “dominar” a Bruno. El cachorro con un desarrollo pobre, carente de estímulos y de amor, estaba lleno de miedos. Los métodos duros de entrenamiento basado en el castigo, lo convirtieron en menos de un mes en un perro desconfiado, con miedos e inseguridades pronunciados que se reflejaban en conductas agresivas.

Tan sólo tres meses después de haber llegado a casa y ya con 9 meses de edad, Bruno entró en la etapa de “adolescencia canina” (es vital que aprendas más sobre esa etapa aquí). Bruno era una caja de pandora de problemas caninos: era hiperactivo, agresivo algunas veces con personas, a Ema ya le había dado un mordisco que le dejó un moretón, Erika y Arturo temían que su agresión pasara a mayores, el entrenador cada vez castigaba más fuerte al perro, los sillones tenían agujeros, y Bruno pasaba aproximadamente 12 horas al día encerrado en el balcón… de nuevo sólo y encerrado. Incomprendido y maltratado.

Las consecuencias

A finales de Marzo, Érika y Arturo decidieron “regalar” a Bruno. Ema lloraba pero al mismo tiempo aceptaba su miedo y su enojo por tantos juguetes rotos. La familia comenzó a ofrecer al cachorro. Nadie quería a Bruno… el tiempo se agotaba y un día Arturo decidió subir a Bruno al auto y conducir. A mitad de una calle solitaria lejos de casa, bajó a Bruno del auto y lo abandonó.

Bruno pasó hambre, frío, enfermedad y sufrió maltrato y desprecio por parte de los humanos. Durante días se sintió confundido, nervioso y desorientado por no poder regresar a casa… Una Navidad después Bruno sigue sin hogar.

El ciclo se repite

Todas las Navidades miles de perros como Bruno son regalados como “obsequios” y casi el 50% de ellos son abandonados en menos de cuatro meses. Otro 30% es abandonado antes de cumplir un año en su primer hogar. ¿Te parece justo? Los perros dependen al 100% de nosotros y nos necesitan.

La decisión de incorporar un perro a tu vida o a la vida de alguien más es una decisión que durará entre 10 y 18 años, no le puedes “regalar” a alguien un compromiso de ese tamaño.

Si en realidad deseas compartir tu vida con un perro ADOPTA, hay muchísimos perros cachorros, adultos, seniors, que como Bruno esperan encontrar una persona que los cuide y les de un hogar permanente. No apoyes la crianza indiscriminada, no apoyes las fábricas de cachorros. No cruces a tu perro para “criar cachorritos”. Descubre 10 razones por las que cruzar a tu perro NO es una buena idea.

Lee también “Queremos un perro para Navidad” aquí.

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