Buster, una vida sin límites desde Oaxaca

*Puedes hacer click en las fotos para ampliarlas y no te pierdas el video al final.


Me llamo Buster. Soy en perro criollo oaxaqueño. Vivo en Mazunte, en las hermosas costas de Oaxaca, México. Algunos me dicen callejero pero mi raza es única… una mezcla de muchas razas que aprovecha de cada una los mejores rasgos. Eso me hace muy resistente y casi inmune a las enfermedades que destrozan la vida de los perros “de raza” aquí­ en la playa, como la fiebre de garrapata, entre otras.

Tengo 2 años y medio y vivo con mis amigos y Super Dueños Waldo y Koru y mi súper hermano Alacrán (otro Super Cachorro de raza única como yo y por cierto hermano de sangre). Soy un perro “discapacitado” pero prefiero pensar que tengo capacidades diferentes. Cuando yo era un cachorro era un poquito travieso. Waldo y Koru me regañaban mucho porque siempre me gustó ir en búsca de mis cosas favoritas, como la composta (en el lugar donde vivo las personas tratan de cuidar el ambiente y ser ecológicos y por eso, hay mucha composta en los alrededores… y sabe taaaan bien). De hecho, me gane el apodo de “Compostero” por mis gustos tan peculiares.

Nuestra antigua casa tenía un terreno hermoso y muy grande en donde podía correr, jugar con Alacrán y perseguir a los patos, pollitos, e iguanas. Era mi mundo y era feliz.

En general nadie tenía que preocuparse de que yo pudiera escapar pues el terreno era muy grande y ahí podía encontrar toda la composta que quisiera. Pero… un dí­a, cuando tenía mas o menos 6 meses, mis amigos (Waldo y Koru) me descuidaron un momento para cortar un árbol que había caído en el callejón después de una gran tormenta. Confiaron en que no me saldría del lugar. Yo, notándolos muy ocupados y pensando que era el momento perfecto para buscar nuevas aventuras y sabores decidí salir de nuestra propiedad. En ese entonces, no sabía de cosas como calles o camionetas, pero aprendí rápido y de una forma que cambiaría mi vida y las de mis amigos para siempre.Un olor interesante captó mi atención y vi una bolsa negra afuera de un restaurante enfrente de mi casa. Emocionado, corrí a probar esa nueva delicia de deshechos… pero no logré llegar hasta ella.

Antes entender lo que pasaba, escuche un gran *CRAK* y un llanto de “ouuuuuu” de 3 segundos que después reconocí como mi propia voz. Asustado y confundido, traté de correr a casa con mi familia pero no pude levantarme. No entendí porqué. No sentí dolor, no estaba llorando, pero no me podía mover.

De pronto, escuché a la vecina gritar, “¡WALDO! ¡Tu perro! ” y pensé, -“Ay no, ahora en que lío se metió mi hermano Alacrán?!”-. Todavía no había caído en cuenta que el afectado era yo. En segundos, Koru y Waldo llegaron y me levantaron de la calle. Koru gritó enojado algo que no entendí a una camioneta que parecía huir. Me llevaron a casa y limpiaron la sangre que parecía salir de un hoyo en uno de mis tobillos traseros. Entonces empecé a sentir un poco de dolor en mi boca. Koru me contó después que mordí mi lengua varias veces.

Me ataron a una tabla grande y me trasladaron subieron al auto. Todo era extraño y no entendía lo que estaba pasando… sólo recuerdo que mis amigos me hablaban constantemente diciéndome que todo iba a estar bien, que no pasaba nada. Eso me ayudó para tranquilizarme :) Llegamos al veterinario y nos dijo que me había roto la columna y posiblemente tenía hemorragias internas. Dijo que mis amigos tenían la opción de “sacrificarme” o esperar a ver si todavía tenía la posibilidad de ir al baño (orinar y defecar). Si todo eso funcionaba bien, podrían buscarme un prótesis, terapias y ver que pasaba conmigo. Por suerte, sin pensarlo dos veces, mis amigos optaron por luchar junto conmigo y esperar mi evolución.

Por suerte, pude ir al baño sin problemas, aunque perdí por completo el control de esfínteres. Tampoco tuve heridas internas, así que después de un par de días en el hospital canino, fue obvio que iba a sobrevivir sin problemas. Pero vaya que mi vida cambiaría…

Al principio, no me movía mucho. Pasé días acostado y dormido, aprendiendo lentamente a desplazarme de un lugar al otro, caminando con mi patas delanteras y arrastrando las patas traseras. Se acabron las persecusiones de patos, pollos e iguanas. ¡Y ni se diga de la composta! Fue un proceso muy lento y difí­cil pero decidí no quejarme ni deprimirme al ver que tenía tanto amor y apoyo de mis amigos. Si ellos iban a echarle tantas ganas para ayudarme a salir adelante, yo también iba a echarle todas las ganas.

Mi hermano Alacrán tuvo que acostumbrarse también a mi nueva forma de vida. Le costó trabajo entender por qué ya no podía correr o que mi voz ya no estuviera (cuando ladro, emito un sonido muy bajo… pareciera que escuchas ladrar a un perro a lo lejos). Creo que Alacrán se agüitó mas que yo al verme así. Pero después de unas semanitas, empezó a aceptarme y empezamos a jugar otra vez como antes. Alacrán aprendió cómo jugar conmigo sin lastimarme o hacerme sentir lento o discapacitado. Amo a mi hermano y Super Cachorro Alacrán ¡gracias por ser un súper buen hermano! (también me defiende de los grandes y todo el tiempo me cuida).

*Alacrán, el Súper Hermano de Buster

El doctor me examinó y me hizo algunas pruebas. Aplicó presión en la piel que tenemos los perros entre los dedos de las patas (una parte muy sensible) y al notar que yo no reaccionó, dijo que probablemente no volvería a caminar. Pero Koru, nunca ha querido creerlo. Empezó a darme tratamientos diarios de Reiki y masajes incluyendo estiramientos y rango de moción. Tras el accidente, perdí­ toda la sensibilidad desde la mitad de mi espalda hasta la punta de mis patas traseras. Me gustó el Reiki y casi siempre me hizo dormir. Koru siempre me acariciaba y después de mi sesión diaria me daba de comer. Después de un rato y muchas sesiones, algo empezó a suceder. Ocasionalmente, comencé a tener sensaciones extrañas en mis patas traseras. Cuando Koru las tocaba, brincaban y mi daba un poco de cosquillas. Era muy muy lento, pero poco a poco empecé a tener más sensibilidad y mayor movimiento. Koru empezó a ponerme en diferentes posturas, sosteniéndome para sentarme mas o menos como un perro “normal” y así­ empezó a aumentar la masa muscular de mis patitas (parecían palitos por estar tan atrofiadas).

Pasó un año y mis terapias caseras continuaron. Todaví­a me arrastraba por todos lados, a veces hasta formar raspones en mis piernas. Pero no me importaba mucho, al fin y al cabo casi no las sentía. Un día vi a Koru trabajando con un carrito de mandado. Estaba cortando los tubos y reconstruyéndolo. Nuestro vecino, Rodo, vino y ofreció a ayudarle pues él tení­a experiencia en construir prótesis para perros lastimados cuando vivía en Argentina. Entre los dos, hicieron mi primera andadera. Era un carrito muy sencillo, hechizo, medio inestable y casi no funcionaba, pero como estaba hecho con tanto corazón, me emocionó. Fue tanta mi emoción que hice mi andadera pedazos en un par de minutos. La cinta gris y los nudos de alambre no estaban preparados para andar con un perro a alta velocidad y muchos menos para tomar las curvas, jejeje.  Al dí­a siguiente, Koru tuvo una idea y construyó otra andadera usando las mismas ruedas y otate, una especie de bambú ligero muy común en la costa de Oaxaca.

Estuvo mucho mejor y mucho mas estable y esta vez, el carrito me ayudó a caminar sin arrastrar mis patas por primera vez desde el accidente. Estuve ¡FELIZ!

En cuanto “le agarré la onda” a mi nuevo vehí­culo ¿a dónde creen que me escapé? ¡A LA COMPOSTA! ¡HERMOSA Y DELICIOSA COMPOSTA! :) … me emocionó tanto que me revolqué sobre aquel exquisito montón de desechos y rompí­ mi nuevo carrito. Seguramente Koru se enojó pero al verme tan feliz y envuelto en cáscaras de mango, papaya y zanahorias, soltó una carcajada y me rescató. Una semana después Koru y Waldo llegaron con un nuevo carrito de aluminio :D Este era un súper carrito… Koru lo pintó de color rojo y decí­a que era mi “Mustang”. En él aprendí­ a ir en reversa, a ir a la playa y navegar en la arena e incluso superar obstáculos como troncos o piedras. Waldo dijo que era mi 4×4, podí­a correr, jugar con la pelota, brincar y mi favorito ¡atropellar los pies de todo el mundo!

La mayorí­a de la gente, cuando me ve (especialmente sin mi andadera) se asustan, sienten lástima y le dicen a mis Super Dueños -“Ese perro esta sufriendo o ha sufrido mucho. ¿Porque no lo matan?” – y me encanta su respuesta cuando dicen – “Si tu hermano tuviera un accidente y quedara paralí­tico, lo matarías?”…  Es cierto que a veces siento dolor e incomodidad pero no sufro. La vida es hermosa y me encanta estar aquí­ aunque soy un poco “diferente”. Todos somos únicos y todos tenemos que aprender a vivir con lo que tenemos y como podemos.

No sufro por lo que me pasó. Las cosas pasan. Lo que me hace sufrir es pensar en todos los animales que quedan diferentes o lastimados por culpa de un accidente o una enfermedad y no tienen quien los cuide y quien los ame. Incluso me preocupan los que aunque se encuentren bien, no tienen dueño y andan en la calle sin hogar y sin comida. Ellos son los verdaderos callejeros; y ellos y todos los que tienen “capacidades diferentes” necesitan amor y atención por igual.

Si tienes espacio en tu corazón y tu familia y pueden adoptar una mascota, considera la opción de cuidar a un Super Cachorro discapacitado. Es una experiencia única que forma un ví­nculo único y muy especial entre tú y tu amigo. Estoy seguro que Waldo y Koru no lo cambiarí­an por nada y yo tampoco. Y quien sabe, a lo mejor Koru tiene razón y algún dí­a voy a estar corriendo por la playa sin necesitar mi Mustang 4X4! Yo les Aviso!

*Yo, Koru y Alacrán (faltó mi Super Dueño Waldo)

Gracias a Waldo y Koru por decidir no sacrificarme y por tratarme con amor y respeto. Gracias a gente como Rodo y a Jorge Guzmán que ayudaron a crear y mejorar mi andadera y mi calidad de vida. Gracias a Alacrán por siempre saber jugar conmigo a mi nivel. Gracias a Super Cachorros por hacer cultura canina y dar a conocer mi historia. Y gracias a ti por haberla leí­do… Un saludo especial a mi amigo Leo.

Les deseo una vida muy feliz y mucha composta para todos!!!

-BUSTER

Actualización 2013… lamentablemente Buster nos contó que hace algunos meses, envenenaron a varios perros en su colonia, entre ellos estaba su hermano Alacrán. La noticia nos devastó. Alacrán descansa en paz y siempre será recordado como un Super Cachorro único, valiente y el mejor hermano que un perro pueda tener. Para que los envenenamientos y el maltrato disminuyan, debemos seguir educando, enseñando, compartiendo, haciendo cultura canina y multiplicando esfuerzos. Únete a Super Cachorros y apoya el movimiento de Cultura Canina más importante de México. Mientras más seamos, más pronto podremos llegar a comunidades como la de Buster… aún faltan muchos caminos por recorrer.

PD. No se pierdan el video que está aquí­ abajo… ahí­ salen Alacrán, Koru y Leo :D

¡CUANDO VAYAN A MAZUNTE NO DEJEN DE VISITAR A WALDO, KORU Y BUSTER EN EL RESTAURANTE “LA PENCA”! :D

Momentos con Buster from Super Cachorros on Vimeo.

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